Espíritu Emprendedor
Sin duda, todo empresario-emprendedor tiene,
en esencia, un propósito iniciático evidente: GANAR DINERO. En ese sentido…
todas las empresas tienen el mismo OBJETIVO, o, la misma META.
Pero limitarse a ese objetivo sería no
entender el impulso empresarial. Detrás de toda iniciativa emprendedora
auténtica está esa parte de creación desde la nada, para decidir la forma de
afrontar un nuevo proyecto. Tener la capacidad de tomar decisiones e ir
comprobando las consecuencias de las mismas…. que van generando nuevas
incertidumbres y nuevas necesidades de tomar más decisiones.
Detrás de la responsabilidad de la gestión
empresarial se encuentra esa satisfacción íntima, a veces de duración frugal,
pero realmente intensa, de comprobar cómo tu proyecto va tomando forma; cómo,
después de cada acción, conversación, análisis, reunión y decisión, tu
construcción va convirtiéndose en algo real, tangible, y que implica, cada vez
más y al mismo tiempo, una mayor responsabilidad. Con los accionistas que han
creído en ti, con los clientes que te empiezan a abrir sus puestas, con los
colaboradores y sus familias, que van dependiendo del proyecto. Con el entorno
empresarial, que empieza a reconocer tu existencia, con las entidades
financieras, tan necesarios para ir haciendo frente a los compromisos, con los
proveedores, que te envían sus materiales y productos con la confianza de
que cobrarán las facturas…
Te vas rodeando de personas confiables, en
las que vas depositando tus dudas y tus anhelos. Vas creando tu equipo de
colaboradores más cercanos, esos que deben ayudarte, por un lado, en el
análisis de la realidad y en la dirección que debes tomar y, por otro, en los
que ir delegando las obligaciones más operativas. Pero a los que, a su vez,
debes controlar y dirigir, porque necesitan de tu orientación, de tu norte y de
tu liderazgo, y sobre los cuáles nunca estás totalmente seguro de si
serán los más adecuados para acompañarte en el camino
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